Legislación

En Chile, desde el 2008 toda actividad en el bosque nativo se rige primordialmente por la ley 20.283, sobre Recuperación de Bosque Nativo y Fomento Forestal. También existe la Ley de Bosques de 1931, pero casi no se aplica al ser jerárquicamente  inferior que la primera. Igualmente se encuentra vigente el DL701, que sobretodo regula las plantaciones forestales y protección de suelos degradados sin cubertura boscosa.

Si bien es muy positivo para un país contar con una ley que regule el uso de los bosques nativos, considerando que históricamente estos han sido sobrexplotados, la ley 20.283 en su actual versión no ha logrado su objetivo de fomentar el manejo sustentable y el cuidado del bosque nativo. Presenta una serie de deficiencias que traban su eficiencia y eficacia. Aun contando con un presupuesto anual de US$8 millones para subsidiar actividades madereras, no madereras y de preservación, no ha logrado entusiasmar al propietario a manejar sus bosques debido principalmente a sus trabas técnico-administrativas, el alto grado de burocracia y la desconexión con la realidad en terreno. Además, el mecanismo de concurso para obtener subsidios genera incertidumbre al propietario ya que no le permite planificarse en el largo plazo, cosa que el bosque nativo requiere de por sí.

La Ley también presenta deficiencias en cuanto a que ata de manos al Ingeniero Forestal para prescribir actividades silviculturales que el bosque realmente necesita, presentando restricciones que no tienen sentido en la práctica y sobretodo en actividades necesarias para la reconstrucción de bosques nativos degradados. Por otro lado, tampoco lo responsabiliza ante manejos mal ejecutados, lo que se traduce en que muchas veces el profesional ya no está presente durante los trabajos. 

Finalmente, por un lado la falta de empoderamiento del consultor forestal, y por otro lado el alto grado de interpretabilidad en la aplicación de la ley y sus reglamentos, dan al fiscalizador atribuciones tácitas que, dependiendo de su criterio, se traducen en una suerte de ruleta que no garantiza claridad y transparencia en la obtención de autorizaciones o sus rechazos. Es en gran medida esto lo que ahuyenta al propietario de manejar sus bosques, lo que provoca que este los descuide y muchas veces abandone, quedando a la merced de tala ilegal, invasión de ganado, incendios, etc.

Aprobosque AG aboga por un sistema normativo que de mayor libertad de acción al Ingeniero Forestal, que permita proyectar las actividades en el largo plazo y poder ejecutarlas en forma flexible. A la vez, el sistema debe garantizar la sustentabilidad del recurso, cosa que la actual no hace.